He sido un cliente habitual de Abasto, por eso lo escogí para una invitación especial, el sábado 16 de noviembre. Pero esta vez la experiencia resultó frustrante. Antes de sentarnos a la mesa, le pregunté a una de las meseras cuál era la pesca del día. Me mencionó un pescado del que nunca había oído (no recuerdo el nombre...), que la carne era parecida a la del pargo rojo, pero a la hora de hacer la orden, el mesero que nos tomó la orden nos dijo que era más parecido al salmón o al atún. Sobra decir que ninguno se atrevió a pedirlo. El encargado de los vinos nos recomendó un Pinot Noir, para acompañar el arroz caldoso y los langostinos al achiote que pedimos. Pero el vino tenía un grado de acidez tal que lo devolvimos. La sorpresa vino cuando el mesero nos dijo que a él le iba tocar pagarlo (!) ¿Entonces para qué le dan a probar a uno el vino? Finalmente aceptó cambiarlo. La amabilidad del servicio, el pan y el flan de coco salvaron la noche. Es una lástima que una propuesta tan original como la de Luz Beatriz empiece a decaer por cosas tan elementales.
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