El local es pequeño y ambientado con música acorde (japonesa o eso parece). En cuanto a la comida, el pincho del ramen muy sabroso pero reducido en tamaño, los rollitos crocantes, de buen sabor y el postre no tanto. A mejorar, la hostilidad con la que atiende la chica que estaba cuando fui, ya que para muchos el trato hace parte importante de la experiencia; recuerdo a varios que por eso, fracasaron en el intento. Sin más que decir, si les toca en barra, prepárense para salir impregnados de olor a comida.
1 Me gusta
