Junto con Wabisabi tal vez es el mejor sushi de Bogotá. Lo descubrí por casualidad un infame día de la madre, día en el que todos los restaurantes están llenos y exhiben sus peores defectos. Pero este estaba a medio llenar y entramos por pura curiosidad pues es tan discreto que pasaría por continuación de Luna o un motel si uno no mira bien. Su ambiente es sobrio, oscuro, frío diríamos pero por alguna razón uno se siente cómodo; pasaría fácilmente por restaurante del Infierno de Dante pero es algo que solo puede verse con los ojos así que vayan. La carta es oriental, no solamente hay platos japoneses, también chinos, indochinos y tailandeses y es bastante, bastante larga por lo que puede quedar uno un poco indeciso ante tanta opción. Eso sin contar con la carta de sushi que va aparte y también es larga aunque menos sobrecogedora. Siempre me ha parecido delicioso todo lo que pido acá, especialmente el sushi y no dudo en recomendarlo a ciegas. Es preferible sentarse en el segundo piso, los espejos enormes que adornan las paredes lo hacen sentir a uno en un teatro donde la comida es protagonista. Y un súper recomendado: el postre de chocolate que viene en una taza y cuyo nombre no recuerdo, pero es espectacular, trae como tres tipos de chocolate y es todo un manjar después de tanto pescado y condimento, apenas para rematar la visita (LA visita, no A LA visita).
