Fudo

La estética industrial de Fudo está inspirada en el anterior negocio que habitaba el lugar, un taller de mecánica. Abundan los colores neutros y los materiales desnudos: en este restaurante se exaltan lo rústico e imperan las texturas desnudas del cemento, el ladrillo y el metal.

La carta de este sitio es bastante interesante, pues todos los platos están pensados para compartir: la idea es pedir muchos al centro de la mesa y que todos puedan disfrutar de los distintos sabores. Nosotros comenzamos con unas Tostadas de camarón (4 unidades 16.000) de recubierta crujiente y un centro de mousse de camarón jugosísimo. La mayonesa de yuzu le añadía cremosidad y un ligero toque cítrico muy bueno.

El Crudo de atún (26.000) tenía una ensalada de wakame, unas algas dulcecitas y de textura medio babosa, con pepinos curados y rábanos encurtidos que brindaban acidez, y unos trozos de atún frescos y de buena contextura. La vinagreta de soya y jengibre se sentía casi efervescente. Excelente entrada.

Continuamos con unos Buns de panza de cerdo (9.000 c/u): traían un pan de trigo suave y esponjoso, una carne acaramelada y con una consistencia que oscilaba entre crocante y tierno, y unos pepinos curados que acompañaban de maravilla.

De platos grandes, probamos las Costillas de cordero agridulces (35.000) con un sabor robusto a malta, un caramelizado increíble y de carne suavísima, con algunas partes crujientes. Las hierbas asiáticas alivianaban un poco y el limón nos pareció genial, pues potenciaba aún más el sabor. Este plato es un obligado de Fudo. Lo acompañamos con un Bok Choy con chile (13.000) bastante astringente que lograba limpiar el paladar. Seguimos con el entretenido Bo Ssam (50.000), en el que uno mismo arma sus “tacos” con cogollos de lechuga. El codillo tenía la textura perfecta, era muy carnoso, crocante, y, al mezclarlo con las manzanas fermentadas y la salsa agridulce, los sabores estallaban en la boca.

Finalizamos con el Pudín de tapioca, mango, coco y lychee (13.000), una combinación dulce y aromática, de texturas densas: muy agradable. También pudimos degustar una de las bebidas de la casa: el Sa cha (7.000) es una infusión de limonaria, extracto de melón y jengibre convertida en una refrescante gaseosa.

Fudo se atreve a dar comida explosiva y potente sin ningún tipo de vergüenza. Es una propuesta arriesgada, bien hecha, que hay que celebrar: muy bien por los sabores asiáticos modernos.