Cuando llegas ves que hay una fila (se mueve rápido) obviamente con hambre y demás, frustra un poco pero valió 100% la pena! Lo recomendó con los ojos cerrados. Pedimos varios patos distintos (cuando se refieren a “pato” o “patito” es a la tostada, la muchacha que nos atendió fue súper atenta y paciente al explicarnos detalle por detalle todo el menú; y el significado principal del restaurante, nos hizo énfasis en que todo era orgánico y hecho por ellos mismos, lo cual nos llamó mucho la atención. Entre los patos que pedimos, pedimos 2 patitos campesinos (carne mechada, queso y guacamole encima de una tostada) estaba muy bueno, y un patito francés.
