La verdad es que las expectativas son muy altas y la realidad no corresponde. La comida es buena, pero por mejores precios o algunos similares hay platos iguales sin tener que irse hasta Sopó. Probé un Boliche y es bueno, pero no me mató. El servicio depende de la hora a la que uno vaya, sin embargo es lento y se alcanza a contagiar del estrés. Vale la pena visitar el restaurante por el ambiente, muy buenos músicos, decoración muy apropiada, aunque la distribución de las mesas no es la más adecuada. Lo pienso dos veces o incluso tres para volver.
