Al igual que el restaurante del siete de agosto, la comida de este es simplemente espectacular. Es recomendable hacer reservaciones (en ambos) para ir a almorzar, sobre todo los fines de semana. La especialidad son las carnes, los vinos y la pasta. Nos ofrecieron además algunos jamones ibéricos de mucha maduración de entrada y, aunque nos los pedimos, nos quedamos con las ganas. La sopa de tomate, la milanesa a la parmesana y el mero estaban jugosos y en su punto. Los sabores son fuertes sin ser muy hostigantes y el servicio del restaurante definitivamente destaca. Nos trajeron una ensalada de entrada y un pan muy fresco con mantequilla de ajo. ¡Totalmente recomendado!




