Buenas pizzetas y buena comida en general. Lástima que nos tocaron al lado unos muchachos hablando a los gritos, usando un lenguaje grosero y riendose a grandes carcajadas, irrespetando a los demás comensales. Algo debería hacer el restaurante en estos casos, porque pagar una cuenta alta para oir y sufrir a esta clase de vecinos es muy incomodo. Dificilmente volvería.
