Gastronomía asiática al alcance de todos. Un claro ejemplo donde la combinación de cosas buenas resulta la clave del éxito comercial. Cuando hablo de cosas buenas me refiero al concepto, atención a la mesa, servicio, variedad en los platos, calidad en los productos y en general a la experiencia en el lugar. 11 restaurantes ubicados en Bogota y Chía con poco más de 500 empleados, conforman esta cadena que nación en 1998 con el propósito de masificar la comida asiática que para esa época y por sus altos costos era considerada un lujo en la ciudad. Confluyen platos de distintas culturas y países, camboyana, vietnamita, china, japonesa y tailandesa sobresalen mostrando la riqueza gastronómica de oriente. Platos de todo tipo abren el apetito cuando se recorre la carta, empezar por el clásico edamame o frituras tempura y seguir con un sushi, un arroz o un curry asegura una buena comida. En otras alternativas sobresale la sopa del pescador y una amplia variedad de jugos donde se rescatan mezclas de sabores increíbles de frutas del amazonas o los clásicos con variación como el mango lush o el jugo ping pong (mezcla de frutos rojos). En los postre va a la fija pidiendo una créme brûlée de limonaria. Desde sus comienzos, marca la diferencia por su interés en buscar proveedores locales, en lo posible artesanales que aseguren la frescura en los ingredientes. Fomentan el desarrollo sostenible trayendo pesca de temporada del pacifico principalmente y otros ingredientes como el copoazú o el arazá o la pimienta del amazonas Definitivamente un lugar que hay que visitar en Bogotá
