Vine por el sushi y me quedé con la baguette indochina. He venido a este restaurante desde hace años aunque ahora lo frecuento bastante porque es el único que propone mi novia. Llegué a cansarme de algunos platos al punto de no querer volver (normal si están visitándolo con frecuencia) pero un día que estaba aburrido pedí quise pedir algo diferente: la baguette indochina, que a mi modo de ver era un miserable sánguche de carne con el que esperaba desafiar a todos los snobs y no snobs que dirían: quien pide algo tan anormal en un restaurante oriental? Supongo que es la gran influencia francesa en sus excolonias, o una invención más local, no sé, pero fue muy agradable encontrar un sándwich increíblemente delicioso, para nada pesado y con una carne tan tierna que es fácil de morder sin necesidad de cubiertos. Va acompañado de deliciosos anillos de cebolla y la salsita que le echan es para chuparse los dedos (igual toca chuparlos porque como con la mano). El precio no es muy razonable, 20 mil por un sánduche me parece que raya en la exageración PERO con gusto lo pago porque realmente es un plato que me deja satisfecho y contento. Para acompañarlo nada mejor que esa frappeada limonada de yerbabuena, le combina a la perfección. Otro recomendado son los curries, que nadie pide por lo que veo pero son verdaderamente sabrosos aunque tan pesados que toca de almuerzo. El sushi se salva, pero si el plan es solo sushi les recomiendo mejor Wabisabi ó Watakushi.
