Estando en Bogotá, me sentí en la obligación de visitar este lugar tan comentado en redes. Aproveché para celebrar el cumpleaños de mi novia. Fuimos un martes, por la noche. Había bastante disponibilidad. Fuimos recibidos y dirigidos muy atentamente hasta nuestra mesa y nos dieron el menú de vinos y bebidas; sin embargo, pasó mucho tiempo hasta que recibimos la carta de comidas - que atendieron finalmente por solicitud mía al mesero. El ambiente visualmente es muy atractivo, pero sentimos que fue un poco ruidoso - por momentos era difícil conversar. Pedimos unos calamares apanados como entrada. Y como platos fuertes, un salmón a 3/4 (acepté la recomendación y me arrepiento) - acompañando con arroz con perfume de limonaria y leche de coco - y una pasta de raviolis rellenos con cangrejo y salmón. Una jarra de sangría para ambos. Considero que las porciones son generosas, pero en cuanto al sabor, me quedó a deber mucho. Para el precio, esperé llevarme una mejor experiencia. Al final nos regalaron un dulce para cantar cumpleaños - estaba delicioso.



